Los duendes de la Aurora Boreal centellean por los cielos del Polo Norte para celebrar el nacimiento del cervatillo de Ráfaga y Mitzi, Rudolph. Los orgullosos padres están sorprendidos de que Rudolph tenga una singular cualidad: tiene una nariz colorada y brillante.
A medida que Rudolph va creciendo, tiene el sueño de llegar a ser uno de los ciervos voladores de Papa Noel, como lo es su padre. Pero sus compañeros de la escuela de le ridiculizan y le ponen motes crueles por ser distinto a ellos. Frustrado porque nunca llegará a ser un volador de prestigio, un día Rudolph descubre que tiene una admiradora, la joven cervatilla Zoey, que se ha enamorado de él.
Decidido a demostrar que tiene lo que hay que tener para ser un volador, Rudolph participa en los Juegos Juveniles de Ciervos. En una dificilísima carrera de trineos Rudolph gana, pero es descalificado por el uso ilegal de una brillante nariz roja. Avergonzado, Rudolph huye hacia las profundidades silvestres del Polo Norte.
Completamente solo, pronto se hace amigo de Astuto, un encantador y picarón zorro ártico, y de un oso polar bonachón llamado Leo. En una de sus correrías juntos, Rudolph se entera de que la malvada Reina de los Hielos, Tormentela, ha capturado a Zoey. Rudolph y sus nuevos amigos se ponen en camino para liberar a la joven cierva.
Tormentela ha preparado una terrible tormenta para estropear las Navidades, hasta el punto que Papá Noel se dispone a anular su viaje en trineo de Noche Buena. Sin embargo, gracias al brillo de su nariz, Rudolph podrá rescatar a la joven Zoey y guiar el trineo a través de la tormenta durante la noche.