Como los británicos no pelean nunca durante las horas del té, ni durante los fines de semana, a César le resulta muy fácil derrotarles, a pesar de que sus tropas se presentan de una manera increíblemente desorganizada en Londinium. Los romanos se apoderan de todos los barriles de vino que encuentran, incluso los de los galos.

Cumpliendo órdenes, los legionarios comienzan a beber todos los barriles para averiguar cuál contiene la pócima mágica. La ceremonia se convierte en un caos cuando los soldados se emborrachan bebiéndose hasta la última gota. A Astérix le resulta fácil recuperar entonces el precioso barril.