Empezó como ayudante de dirección y guionista de teatro durante un período, debutó con Sucedió en Paris (1935), a la que siguen películas de aprendizaje. Entre ellas, se puede destacar Talk of the Devil (1936) y Night Train to Munich (1940), dos policíacas.
Su período de gloria lo tuvo en la posguerra con tres películas, Larga es la Noche (1947), El Ídolo Caído (1948), y sobre todo El Tercer Hombre (1949), las dos últimas escritas por el novelista Graham Greene. Con ellas alcanzará prestigio internacional.
Luego seguirán El Desterrado de las Islas (1951), una adaptación de Joseph Conrad, Se Interpone un Hombre (1953), una hábil intriga de espionaje, o El Niño y el Unicornio (1955), una fantasía infantil. Nuestro Hombre en La Habana (1959), una obra de evasión interpretada por Alec Guinness, y El Tormento y el Éxtasis (1965), una superproducción serán los dos títulos siguientes de mayor proyección. El mejor reconocimiento lo tuvo cuando ganó el Oscar al Mejor director en 1968 por ¡Oliver!, una versión musical del clásico de Charles Dickens.